viernes, 5 de octubre de 2012

Choose hapiness


Pasé 5 años tratando de entenderte. Solo eres una persona más que intenta figurar en un ambiente tan frío y carente de valores, en un ambiente donde tú sabes de sobra que nunca han estado ni estarán tus amigos. Eres de esas personas con falta de convicción, que se ha tenido que tragar sus palabras decenas de veces. Vas por la vida cambiando de ideología política, pregonando que darías la vida por tu equipo, a la defensiva porque pobre de aquél que toque a tus "amigos", indignándote de lo que pasa en la sociedad, mostrando interés por los problemas de otros; pero nunca anduviste con el valor de cuidar lo que de verdad es importante, el amor.

Me alegra que me hayas engañado. Gracias. Si no lo hubieras hecho, tal vez y hasta habría tenido un hijo tuyo y me habrías lastimado toda la vida. Me alegra que me hayas mentido, que me inventaras historias tan ridículas porque así me di cuenta del valor de la honestidad, la lealtad, la nobleza, la pureza, la franqueza, la verdad, la gratitud y la fidelidad. Me di cuenta de lo maravilloso que es ir por la vida con una sonrisa para el mundo sin tu veneno y tus envidias. 

Nadie es perfecto, pero jamás te fui infiel. E incluso la infidelidad pudiera merecer una segunda oportunidad en algunas ocasiones. ¿Pero la infidelidad recurrente? Esa es una enfermedad. La fidelidad es un valor, una convicción y una manera de pensar y amar. Pero si tú mismo careces de convicciones, ¿cómo puedes entender algo tan sustancial? 

Me cansé de esperarte, de pensar que un día ibas a cambiar y darme el lugar que me merecía. Me cansé de entregarte mi vida y mi amor a cambio de violencia emocional, económica y material. Me cansé de irme y regresar, separarnos y regresar. Me aburrí de tus mitomanías, tus mentiras, tus engaños, tus promesas, tus excusas y libretos de siempre. Eres tan predecible y pues, me cansé de llorar.

Y vaya que lloré, lloré durante años. Lloré porque estaba enamorada de una fantasía y me negaba a creer que no eras para mi. ¿Pero sabes qué? Siempre lo supe. Sabía desde Valeria que no eras para mi; es más, sabía desde Claudia y Lorena que no ibas a ser para mi. ¿No te acuerdas cuando hablábamos por celular y decíamos que nos seguiríamos hablando aún cuando tú te casaras con tu novia y yo con el mío? Sabía desde el primer momento en que te necesité y no estuviste. Sabía que no eras para mi, pero no lo entendí hasta hace poco más de un año que empecé a planear mi vida. Te dije que iba a ser la última navidad juntos, incluso te dije que iba a ser el último cumpleaños a tu lado.

Y de pronto este año toda la vida se me fue acomodando, no sé de donde me llegaron las fuerzas para dejarte definitivamente, ¡pero llegaron y no he vuelto a llorar por ti! Sonrío más, me siento más bonita, más lista, más inteligente, más capaz y más consentida por Dios. Soy feliz porque así lo he elegido yo. 

Y sí, tenia miedo de comenzar de nuevo, no sabía que hacer. No sabía como seguir haciendo lo mismo pero de una forma diferente. Hasta la fecha no ha sido fácil, pero nunca me había sentido tan amada, respaldada y apoyada por gente tan buena; tengo los mejores amigos, una familia que se muere en la raya por mi y unas ganas de salir adelante para callarle la boca a todos los que no creyeron en mi, pero sobre todo tengo el ímpetu de demostrarme a mi misma de lo que soy capaz.

No sé qué pretendes diciéndome que me extrañas, que estás arrepentido y quisieras haber tenido una máquina del tiempo para darme lo que yo merecía. No se que pretendes afirmando que estás triste y confundido. No sé que pretendes, pero conmigo no pretendas nada por favor.

Hoy me doy cuenta que sin ti estoy mejor. Sí, bueno, yo pensaba que eras el amor de mi vida y que contigo iba a ser todas esas cosas que tienen valor para mi como ir al TSM y a la premiere de El Hobbit. Pero no, voy a ir con el amor de mi vida seguramente, porque así lo he querido y me lo merezco.

Al final, todo sale a la luz. Todo se paga en esta vida y vaya que te está pegando duro. No necesito más que ver lo infeliz, vacía y miserable que es tu vida. Síguele poniendo el cuerno a quien te entrega su corazón y al final de la vida vas a estar solo, sin amigos, sin nadie. Todo por tu afán de encajar, de pretender ser lo que no eres y de de lastimar y herir a quien en verdad te quiere. Todo por tu afán de mentir.