domingo, 3 de junio de 2012

Trilce, así.



Por más mal que haya actuado alguna vez, nunca he hecho nada con maldad. Por eso es muy raro que a pesar de todo lo bueno que me está pasando, siento un no sé qué de tristeza y desilusión de este mundo. Un sentir agridulce, trilce. Me entristece saber que todo lo que me enseñaron mis papás sobre el respeto, la responsabilidad, la honestidad, la fidelidad, la humildad y la lealtad son meras falacias. Eso solo pasa en las películas, todo lo que alguna vez pude o pudiera idealizar no pasará jamás.
Quizá no tengo cara para decir esto y ni si quiera sé porque lo escribo. Tal vez sea por el hecho de darme cuenta que soy como todos y que nada me hace especial. ¿De qué me ha servido ser buena si nadie se da cuenta? ¿Si nadie lo nota y mucho menos lo valora? Siempre he sido yo la que se entrega, la que da el extra, la que se esfuerza por los que quiere y así en ese orden me he llevado las diez mil desilusiones de la rosa de Guadalupe. 
Esta semana me enteré de muchas cosas que, aunque algunas ya pude haberlas imaginado, mi mente se negaba a creer en que vivo en una sociedad tan corrompida, tan escasa de valores y sobre todo de amor. ¿Cómo puede ser posible que haya quienes no les importe jugar con el corazón de una persona? ¿Cómo puede haber mujeres que se dejen manipular a distancia? ¿Cómo puede haber amigos que traicionen después de todo lo vivido? ¿Cómo puede haber gente tan mentirosa y gente que les crea? ¿Cómo puede haber hombres que entre amigos se rolen a las viejas? ¿Cómo puede haber personas que, con hijos, se atrevan a sacrificar la tranquilidad de su familia por un ratito de quien sabe qué? Para mí la familia es lo más importante después de Dios, estoy segura que cuando tenga un hijo jamás pondré en peligro su estabilidad. Los humanos de hoy obtienen lo que quieren para después desecharlo. Consumismo puro, consumismo emocional.
Una semana bastó para perder 2 amistades. Quien yo creía que era una amiga no lo es más, luego otra se unió a la lista. La primera porque hay cosas que no se hacen, la segunda porque hay cosas que no se omiten. Y me duele, es que yo con mis amigos lo doy todo, no la dudo cuando sé que me pueden necesitar y mucho menos me vuelvo cómplice de algo que los pueda herir. No traiciono, me adelanto para estar con ellos.
A mí me gusta que las cosas se hagan bien, prefiero quedarme con pocos amigos y alejarme que fingir y ser hipócrita. También elijo conservar mi paz emocional y no desgastarme “enfrentando” a esas personas porque además ni valen la pena. Alguien por ahí me dijo que si “perdí” esas amistades realmente fue porque nunca las tuve puesto que los verdaderos amigos son para siempre.
Que loco haber tenido que esperar 22 años para darme cuenta de cómo no es el mundo. Por eso esta vez va a ser disímil, de una forma menos romántica e inocente y más hedonista y fría. De una forma más por mí y para mí. Voy a ser feliz con los que quiero y me quieren, con los que están en el presente. 
Doy gracias a Dios por lo que saca de mi vida y por las bendiciones que me da todos los días. A pesar de todo, yo sé que soy de sus consentidas.

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